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Esta semana retomamos las clases después de unas vacaciones cortas, pero muy necesarias. Sinceramente, me hubiese gustado que duraran un poco más, aunque entiendo que fue lo que permitió el paro.
Me siento un poco ansiosa con este nuevo semestre, porque en el anterior tuve la sensación de no haber aprendido todo lo que necesitaba. Con mi grupo logramos hacer un buen análisis en un inicio, pero en la segunda etapa aparecieron varias complicaciones. Nos costó mucho comprender qué era realmente una imagen objetivo, cómo construirla, cómo aislar la información del análisis dentro de ella, qué debía mostrar y cómo presentarla de manera correcta dentro de un plan de intervención.
Hoy, al menos, siento que entiendo un poco más. Ahora sé que un plan de intervención debe reflejar directamente lo que se analizó, mostrar cómo se resuelve la problemática y proponer algo distinto a lo que ya existe. Tiene que detallar cada aspecto de la intervención, aunque no necesariamente ubique cada elemento con precisión. Además, debe estar completamente articulado con la memoria y la imagen objetivo.
Aun así, hay detalles que me cuestan. Por ejemplo, la importancia del grosor de una flecha, o cómo un gesto gráfico puede cambiar por completo el sentido de lo que se quiere comunicar. Eso todavía me parece muy brígido. Pero al menos creo que ya entiendo mejor cómo transmitir las ideas, y siento que eso es clave.
Respecto a la comisión, creo que llegó el momento de soltarla y seguir adelante, aunque me cueste. Como dice Butch Albrecht: si no hubiésemos aprendido algo, no estaríamos aquí. Aun así, sigo con dudas: no comprendo del todo cómo se construye un espacio público con carácter cuando no hay muros, pilares, elementos verticales o juegos de luces. ¿Cómo darle identidad a un lugar tan amplio sin esos recursos? Ese es uno de los grandes desafíos que espero resolver en este semestre.
Ya comenzamos a analizar, y estoy feliz porque tendremos una última oportunidad de trabajar con mi grupo antes de separarnos este jueves. Me entristece la idea, porque las chicas fueron lo mejor que me pasó en Proyecto 3. Aprendí muchísimo de ellas: desde cómo analizar mejor, hasta cómo formular preguntas que realmente ayudan a comprender el proyecto. También me enseñaron herramientas digitales, y sobre todo, me mostraron lo valioso que es compartir la arquitectura.
Sé que las voy a extrañar, pero espero que sigamos apoyándonos mutuamente.

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